Las buenas chicas

Las buenas chicas (1960) es la cuarta película de Claude Chabrol y la primera que dedica enteramente a los personajes femeninos. El filme, que constituye una visión brutal y pesimista del abuso del que son objeto un grupo de mujeres, es uno de los aportes del cineasta francés a la Nouvelle vague.

La película retoma el afán documentalista del neorrealismo, que también se observa en películas como Los 400 golpes (François Truffaut, 1959) y Vivir su vida (Jean-Luc Godard, 1962), lo reelabora para adentrarse en la intimidad de unas jóvenes que trabajan en una tienda de electrodoméstico en París, ciudad que funciona como un gran decorado. Chabrol asocia las imágenes de la urbe, eliminando la emotividad del movimiento italiano, con lo monótono (en el inicio del filme los autos circulan alrededor de la Plaza de la Bastilla), el tedio (el viaje en metro de las amigas) y lo vulgar (su visita a la sala de baile y al teatro de variedades, por ejemplo).

El filme presenta a cuatro chicas, cada una de ellas guarda un secreto, que puede ser considerado como una trampa o una jaula: Rita, que miente sobre sus gustos para impresionar a los padres de Henri, su novio; Ginette, que en las noches se hace pasar por una cantante italiana; Jane, liberal y desinhibida, que oculta la pena de una noche de fiesta; y Jacqueline, más introvertida e idealista que sus amigas, cuyo deseo inconsciente por el peligro es minuciosamente retratado por Chabrol.

Los personajes masculinos de Las buenas chicas son caricaturas grotescas y abusivas. El jefe de la tienda, un hombre petulante ya entrado en años, las sermonea y, sutilmente, las acosa. Marcel y Albert, que siguen a Jane y Jacqueline por la calle, ríen al hacer chistes y comentarios vulgares. Nounours, el repartidor que acude a la tienda, es el único al que se muestra con sensibilidad: está enamorado de Jacqueline. Sin embargo, ella lo detiene, está enamorada del motociclista que siempre la ronda.

La visita de las amigas al zoológico revela el peligro que las ronda. Se refieren a los animales como “bestias sucias que se alimentan de cadáveres”. A través del montaje se asocia al admirador de Jacqueline con un felino. El concepto de animalidad es importante en la obra de Chabrol, que desarrollará con mayor detenimiento en El carnicero (1970), por ejemplo. Cuando Jacqueline lanza un beso al tigre, que responde al estímulo rugiendo y asustando a las chicas, se produce un corte y enseguida se muestra el rostro de André Lapierre, el motociclista, que salva a las amigas de los ataques de Marcel y Albert en la piscina (una secuencia con un tono ambiguo, entre la comicidad y el drama).

En Claude Chabrol (1972), Robin Wood y Michael Walker hablan sobre el mundo que propone Chabrol en Las buenas mujeres. Los autores remarcan el mundo acotado, corrupto y agresivo en el que viven las cuatro mujeres: «La metáfora de la jaula es un motivo que se repite una y otra vez: la tienda en la que las chicas están encerradas durante un periodo obligatorio de tiempo cada día; el restaurante en que se ve atrapada Rita para ser exhibida ante los padres de Henri; el escenario en el que Ginette se ve encerrada por los focos y los espectadores; la piscina en que las chicas son molestadas y maltratadas: todo son jaulas».

El ataque más brutal del filme va dirigido a Jacqueline, que es asesinada por Lapierre. «Jacqueline es más reflexiva, idealista y moral. Es la víctima ideal del asesino. Chabrol deja entrever que en el mundo de las buenas chicas la inteligencia y la sensibilidad no son las mejores cualidades», escribió Roy Armes en French Cinema (1966). Una mirada atenta notará que Jacqueline toca su cuello cada vez que nota la presencia del motociclista, aunque dichas insinuaciones de atracción y peligro son muy sutiles.

El epílogo del filme muestra a una quinta mujer que accede a bailar con un hombre al que nunca se le ve la cara. Ella mira de frente a la cámara, ilusionada. La película puede ser considerada un alegato sobre la condición femenina, aunque se trata de una visión concreta que se puede contrastar con otros filmes del director: la opinión de Chabrol sobre los hombres, por ejemplo, es demasiado amplia y compleja para reducirla a un ataque. Los temas de fondo de Las buenas chicas, las ilusiones y los sueños, la desesperanza y la realidad, son compartidos con otros filmes de la Nouvelle vague, que se puede interpretar como un retrato de la vitalidad y la juventud, a la que Chabrol suma una mirada bastante sombría.

 

Título original: Les bonnes femmes

Director: Claude Chabrol

Año: 1960

Guion: Paul Gégauff / Claude Chabrol

Intérpretes: Bernadette Lafont (Jane) / Lucile Saint-Simon (Rita) / Clotilde Joano (Jacqueline) / Stéphane Audran (Ginette) / Mario David (André Lapierre) / Jean-Louis Maury (Marcel) / Albert Dinan (Albert)

Fotografía: Henri Decaë

Música: Pierre Jansen / Paul Misraki

Productor: Raymond Hakim / Robert Hakim

País de origen: Francia-Italia

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