Los primos

El contraste entre Paul y Charles, los personajes principales de Los primos (1958), la segunda película de Claude Chabrol, se atenúa a medida que avanza el filme. El cinismo del primero amenaza con imponerse a la bondad de su primo. En la primera etapa de la obra del francés una visión pesimista permea al mundo.

Los primos es la primera película en la que Chabrol usa los nombres de Paul y Charles para definir dos arquetipos presentes en toda su filmografía. «Paul exhibe las características de un depredador», señala Michael Walker en Claude Chabrol (1972). El autor se refiere a la propensión del personaje a dominar a través de un carisma seductor, sofisticado, a diferencia de Charles, un hombre amable, responsable, recién llegado a la ciudad.

El filme aborda la interioridad. Se le puede clasificar dentro de los aportes de la Nouvelle vague: es un retrato de la juventud, tiene ciertas intenciones naturalistas ya que se integran algunas secuencias en las que se muestra París, aunque Chabrol se concentra en mostrar la intimidad de la vida de los primos, especialmente el departamento que habitan.

El tío Henri, familiar de ambos, es el dueño del lugar donde vive Paul. El filme inicia con la llegada de Charles a la ciudad y al departamento, que un excéntrico Paul, al que se ve subido en una escalera y mirando a través de un telescopio, le muestra a su primo. Trofeos y armas decoran el lugar. Es el santuario de un depredador. Ahí se encuentra Clovis, el amigo al que Paul ve como un modelo a seguir. «¿A qué se dedica?», Charles pregunta con cierta desconfianza, «A disfrutar», Paul responde. Tanto Clovis como Paul son parte de las figuras de la bestia que abundan en la filmografía de Chabrol.

En la película se retrata a Paul como un hedonista. Está matriculado en la universidad pero no estudia. Resalta una secuencia en la que, durante una reunión con amigos, pone un disco con música de Wagner para recitar un poema en alemán, porta una gorra nazi y un candelabro que alumbra la oscuridad. Chabrol filma los actos de Paul con distancia, incluso con cierto humor. Da mayor énfasis a las impresiones de Charles, sin embargo no estimula una identificación excesiva con él. Ambos primos proyectan sus tendencias psíquicas: Paul se identifica con Clovis, que tiene un aire siniestro y decadente, es quien está detrás de sus decisiones; Charles con el librero, que le regala libros de Balzac, y que condena que las fiestas y las mujeres lo distraigan de sus estudios. Paul representa al ello y Charles al superyó. El problema entre ambos se suscita cuando Charles se enamora de Florence. Paul no permite la unión, haciéndola su novia.

Mientras Charles escribe una carta a su madre, en la que le dice que Paul parece sentirse como pez en el agua en la ciudad, este recibe a Geneviève, su novia embarazada. Clovis y Paul la persuaden para que aborte, problemática que Chabrol retomará en Un asunto de mujeres (1988). Hay otros detalles que dan más información del dúo Paul-Clovis: un chiste sobre la Gestapo y la exclusión de un chico negro de una fiesta.

Es interesante la postura de Chabrol: la bondad y la dedicación de Charles no le aseguran la satisfacción ni el cumplimiento de sus objetivos. Admira la soltura de su primo, pero no se permite emularlo. Cuando Paul deja a Florence, luego de un tiempo en el que los tres habitan el departamento, ella intenta acercarse pero él la desprecia. Otro reflejo de la película es la relación de Françoise (el primer rol de Stéphane Audran en una película de Chabrol) y Philippe. Él está resentido porque ella solamente se divirtió con él. El recital alemán de Paul se interrumpe cuando Philippe descubre en la oscuridad que Françoise está siendo demasiado cariñosa con el conde italiano, uno de los invitados a la fiesta.

El punto de mayor frustración de Charles es cuando reprueba el curso de derecho, motivo por el que se mudó a la ciudad. Sus esfuerzos y sacrificios no fueron recompensados. Paul aprueba sin ningún esfuerzo. Los juegos de ruleta rusa, que Paul utiliza de forma lúdica y sin balas para gastar su energía destructiva con su primo, toman consecuencias inesperadas. Durante todo el filme Chabrol identifica a Charles con el cristal del pasillo que lleva a su habitación, en el que unas repisas sostienen a pequeñas figuras de soldados. Ante su decepción, decide jugar al azar, cargar a pistola una bala y darle la oportunidad de morir o vivir a Paul. El departamento, decorado con armas, funciona como un estimulante de la decisión de Charles.

Los finales de Chabrol suelen resumir lo que se quería contar. En este caso es el enfrentamiento de fuerzas que conviven y que, por otro lado, también son antagónicas. Existe un vínculo muy claro: ambos hombres son familia. Durante los últimos minutos Charles hace un monólogo interno, prepara el arma, pero cuando jala el gatillo la pistola no dispara, ni siquiera logra despertar a su primo. Renuncia a su necesidad de aniquilar a Paul. Con la luz del día, Paul encuentra la pistola sobre un sillón y comienza a jugar con ella sin saber que está cargada, matando a Charles. Por un momento el tiempo se detiene, ambos se quedan inmóviles, pareciera que Chabrol congela la imagen, pero no es así, se trata de una suspensión provocada por la sorpresa. Del enfrentamiento surge un ganador. Gana la energía de Paul, dotando a la película de un tono violento, inesperado y pesimista. Fue un accidente, aunque durante todo el filme Paul se impone como una fuerza violenta y protagónica

La reacción de Paul es triste: se da cuenta de cuánto quería a su primo. Finalmente Clovis es sólo una proyección de su posible futuro, no deseaba verdaderamente la muerte de Charles, aunque para este sí era necesario afirmar su fuerza moral ante la de su primo. Esta visión pesimista permeará toda la obra posterior de Chabrol, aunque será atenuada de diversas formas, a veces con humor e ironía y otras con mayor ambigüedad. A diferencia de Las buenas chicas (1960), filme posterior cuyo ambiente es el de la clase trabajadora, Los primos se desarrolla en un ambiente estudiantil e intelectual, aunque igualmente corrupto.

Los primos ganó el Oso de Oro en la Berlinale de 1959.

 

Título original: Les cousins

Director: Claude Chabrol

Año: 1958

Guion: Claude Chabrol / Diálogos: Paul Gégauff

Intérpretes: Gérard Blain (Charles) / Jean-Claude Brialy (Paul) / Juliette Mayniel (Florence) / Claude Cerval (Clovis) / Stéphane Audran (Françoise)

Fotografía: Henri Decaë

Música: Paul Misraki

Productor: Claude Chabrol

País de origen: Francia

 

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