Alice o la última fuga

Alice o la última fuga (1977) es una película atípica en la filmografía de Claude Chabrol. Se trata de un filme surrealista que se puede considerar de transición, posterior a su primera gran etapa creativa y antes de su encuentro con Isabelle Huppert, con quien hizo siete películas.

El filme inicia cuando una mujer, Alice Caroll (Sylvia Kristel, la actriz de Emmanuelle, el filme erótico de Just Jaeckin), decide dejar a su esposo, un hombre que no parece prestarle gran atención, y huir sin rumbo definido. Alice o la última fuga remite claramente a Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock, ya que establece un paralelismo entre la fuga de sus protagonistas y el absurdo de lo que encuentran en su recorrido. No sólo se trata de un homenaje formal, evidente en las escenas en las que Alice conduce su auto durante una noche lluviosa, sino que va más allá: es un pretexto para reflexionar sobre la consciencia de la vida propia y de la realidad. En este sentido la asociación es interesante: en Psicosis Marion Crane, la rubia del filme, no entiende lo que le ocurre, para ella su muerte es un sinsentido, para el espectador, al final de la película, es una violación simbólica híper violenta. Por otro lado, el recorrido de Alice también está plagado de preguntas de aquello que no comprende, que no serán atendidas, según le informan diversos personajes con los que se encuentra. Ambas mujeres están extraviadas en un sentido real, como en el filme de Hitchcock, y metafórico, como ocurre con Chabrol.

A pesar de que la película fue dedicada a la memoria de Fritz Lang, como se indica al inicio, tiene elementos del cine de Hitchcock, referencia clave para entender a Chabrol. El crítico Robin Wood aseguró que en las interpretaciones que Chabrol hizo junto a Éric Rohmer en Hitchcock (1957), el primer estudio serio de la obra del británico, que cimentó su estatus de autor, hay pistas para entender la obra del propio Chabrol, que pasó de crítico a director. Esta relación entre creadores y obras va más allá de la admiración y el homenaje ya que, claramente, en la filmografía de Chabrol se constata su visión del mundo. En el caso de Alice o la última fuga aborda la inutilidad de la lógica y la angustia de la desaparición física.

El filme es una versión libre de Alicia en el país de las maravillas en la que está presente la televisión como un medio que procura la seguridad y la continuidad de la rutina familiar o de pareja, como en La mujer infiel (1969), que hoy se podría sustituir con la omnipresencia de un teléfono inteligente. Antes de que Alice llegue a casa su pareja ve, sin gran interés, un programa de concursos. Cuando se escucha la puerta, él la llama y le cuenta sobre su trabajo. Cuando ella se asoma al salón le anuncia su partida. Alice no sabe adónde se dirige, pero maneja y escucha la voz de su esposo, que le reclama su comportamiento, incluso ve su rostro. Al quebrarse su parabrisas, llega a una extraña casa donde un hombre mayor la invita a descansar. Ella accede y, a la mañana siguiente, cuando despierta, no hay nadie. Intenta escapar en vano: se mueve en círculos y llega de nuevo a la casa, cuya escalera está invadida por una enredadera, como si fuera una extensión del bosque que circunda la propiedad.

Hay detalles interesantes en la casa: un par de obras pictóricas que en la penumbra parecen escenas que invitan a adentrarse en su ficción. Por ejemplo, en la habitación que le designan hay un cuadro en el que se ve a un grupo de personas paradas en un monte, con el mar frente a él y un faro que los ilumina. También hay un reloj cuyo péndulo está detenido, que se activará dos veces para anunciarle a Alice que algo está ocurriendo. Desconcertada, la protagonista busca la salida. En el bosque encuentra un muro que intenta cruzar. Un hombre le dice que no tiene caso hacerlo, que del otro lado tampoco hay salida. También conoce a un niño que libera pájaros de una jaula. Su confinamiento le plantea preguntas. Sin que ella lo note, una luz ilumina un pasillo de la casona. ¿Qué es lo que ocurre?

El filme tiene algo intensamente personal, que puede referir al extravío profesional de Chabrol luego de una sucesión de filmes extraordinarios que va de Las ciervas (1968) a Relaciones sangrientas (1973), no exenta de tropiezos, pero especialmente fecunda en una filmografía tan extensa. Esta racha brillante fue seguida por películas en las que, curiosamente, los roles masculinos principales fueron interpretados por actores extranjeros (Los magos y Locuras de un matrimonio burgués, ambas de 1976). En 1977 el francés estrena Violette Nozière, su primer filme con Huppert.

En Alice o la última fuga hay un desplazamiento del tema familiar, uno de los asuntos en los que más ahondó Chabrol durante más de cincuenta años de trabajo, a lo meramente individual, asociado a lo onírico, lo inmaterial, lejos de la interacción social. La fugacidad sella los encuentros de Alice con otros personajes que, le aseguran, pronto entenderá lo que le ocurre. El único recuerdo que prevalece es el del esposo que le dice, como se revela en un flashback, que no huya durante la noche lluviosa porque tiene el presentimiento de que algo malo le pasará. El presagio se cumple, como se ve al final, por lo que Chabrol fue atacado de misógino, sin embargo Alice no se aferra al recuerdo de su vida conyugal, de la que no se sabe nada, aunque se intuye que la constreñía a una dinámica abusiva.

En una escena memorable la vemos como espectadora de la celebración de una muerte. Ella está sentada a la mesa, comiendo un omelette, mientras un grupo de personas baila con desenfado. Ella es invitada al festejo, pero se queda inmóvil ante la escena. Este tipo de secuencias rituales, tan presentes en Chabrol, tienen un cariz de humor relacionado con la vida en sociedad, que unifica los ánimos de las personas, en las que yace una energía primitiva que amenaza con alterar el orden, como ocurre en El carnicero (1970) o La ceremonia (1995). Alice atestigua este extrañamiento.

Hay un valor importante en Alice o la última fuga: invierte varias de las constantes de Chabrol, lo cual permite reflexionar más a fondo en sus motivos y reafirmar su importancia. Durante la Exposición Fílmica de Los Ángeles, Chabrol dijo que el filme fue inspirado por Shakespeare y Philip K. Dick, asegura el crítico C. Jerry Cutner, que estuvo presente en la presentación de la película.

 

Título original: Alice ou la dernière fugue

Director: Claude Chabrol

Año: 1977

Guion: Claude Chabrol

Intérpretes: Sylvia Kristel (Alice Caroll) / Charles Vanel (Henri Vergennes) / Jean Carmet (Colas) / Bernard Rousselet (el esposo de Alice)

Fotografía: Jean Rabier

Música: Pierre Jansen

Productor: Pierre Gauchet / Patrick Hildebrand /Eugène Lépicier

País de origen: Francia

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